Votantes

—Esa nube de políticos tiene forma de escobilla.

—Cierto, su patrón no es democrático y sus fronteras son difusas.

—Qué vergüenza de biomas.

—¡Fuera con ese! ¡Suera!

Desproposición

Madre mía, que sigues ahí esperando mi respuesta corta y debes de tener el culo cuadrado y el rictus recto. Lo siento, cariño, ya te respondo.

No.

Variable derivada

Si tiramos un libro al aire y lo abandonamos a su suerte, tenemos, como en el caso de la moneda, dos posibilidades, pero una única variable. Tapa o contratapa, por ejemplo, lo que deriva en un defecto de forma.

Los buenos

—Aquí solo escribe usted, Azkona

—Puede ser, mi sargento.

—¿Puede ser?

—¡Aquí solo escribo yo, mi sargento!

—Igual es que sus amigos se guardan los posts y al final no son ustedes los buenos, Azkona.

—No, no, los buenos sí que somos, señor.

—Pues aquí solo escribe usted, Azkona

—Puede ser, mi sargento.

Martirimonio

—Mira, las flores de ayer. Huele.

—Hombre, huelen a muerto.

—¿Hombre?

—Hombre, yo las arranqué, tú las guardaste y se te olvidaron.

—¡Hombre!

—Hombre, mujer, tú ya me entiendes.

Estrategia

Me llamo Modesto y vengo a perder. Sí, sí, a perder. No, no, ganar es de perdedores. Yo pienso en perder para ganar.

Adentros

¿Estoy pidiendo cariño…? —pausa valorativa—. Estoy pidiendo cariño —pausa descriptiva—. Qué vergüenza —mutismo final—.

Menoscabo

Estar segurísimo mire usted de la existencia del átomo y de los misterios de la estructura atómica, fenómenos que no puede explicar debidamente la física clásica o más propiamente la mecánica clásica, y luego, con una pierna estirada y otra atrapada debajo de una silla rota, pedir sopitas.

Sicalipsis

Te dice: «Los ganglios linfáticos suelen estar inflamados, generalmente mucho, haciéndose accesibles a la palpación en todas las zonas». Y tú contestas: «Los míos suelen ser simétricos, libres, elásticos y sensibles a la palpación».

Preguntas

No sé hacer preguntas. Si tengo una duda doy vueltas y vueltas sobre el tema sin llegar a preguntar. Aspiro a que se intuya mi pregunta. ¡¿Te enteras?!

González

Me llamo Martín y Martínez. Vengo a aclarar de una vez el maldito temblor de los límites. Quiero reencontrar los orígenes de la ficción de Raymond Roussel y de paso recobrar un espíritu en el que la imaginación y el lenguaje desempeñen un papel determinante. Por eso mañana voy a levantarme suave como el sol. Voy a ser el protagonista de un fenómeno magnífico. Voy a ser como González.

Un triste más

Dos tristes tíos sentados sobre tres tristes piedras, hablando entre ellos. Los conozco más por la voz, que no puede ser más triste, así que, al acercarme, me fijo más en las tres tristes piedras que en los dos tristes tíos. Una de ellas, por ejemplo, mantiene visible una parte de musgo, lo que revela que ha sido movida hasta situarla allí. Además, tíos y piedras forman un triángulo equilátero, aunque no tienen en cuenta la falta equilibrio. Una falta de equilibrio tan obvia y tan manifiesta que me impide alcanzar sus caras con la vista antes de oír la frase:

-Ya iba siendo hora.